jueves, 20 de abril de 2017

NUEVA OPORTUNIDAD

Era un día normal en mi vida. Levantándome a la misma hora, desayunando lo de siempre mientras veo mi programa de televisión matutino. Hecho esto, me dirigía andando hacia mi trabajo pues se estaba arreglando el coche, que ya tiene sus años. Una calle en obras me obligó a cambiar de ruta. Fueron cinco minutos después cuando una sensación tan gratificante recorrió mi cuerpo, iniciándose por la nariz.

El olor a tarta de fresa y frutas del bosque entró por mis orificios nasales, lo que me hizo pensar en algo o alguien familiar. Me sorprendí porque aún recordaba todo. Era el aroma de esos deliciosos manjares que ella me ofrecía cuando iba a su casa a hacer los deberes del colegio. Realmente, me recordaba a esa chica. Durante cuatro años, estuve viéndola todos los días, tanto en clase como por las tardes. Era la mejor amiga que uno podía tener, me contaba todo y la confianza entre nosotros fluía. Sentía que era especial. Tanto fue así que, poco a poco, empecé a enamorarme de ella. Yo no estaba muy acostumbrado a esas situaciones y, mucho menos, a tratar con chicas. Ese fue mi error. No supe aprender lo básico para tratar bien a las personas que quieres y sobre todo, no apreciar lo que tienes. Empecé a tomar malas decisiones que supuso que nuestra amistad se hiciera cada vez más inexistente. Demasiado tarde para arrepentirme.

Ese olor venía de una pastelería que nunca antes había visto. Me acerqué y entré. Ahí estaba, trabajando en ese establecimiento. Tras años de dolor profundo, volvimos a vernos. Me extrañó porque puso cara de alegría tras haber vivido toda esa historia. Solo me faltaba darle gracias al destino. Si esos sucesos aleatorios que me pasaron durante la mañana no hubieran ocurrido, no hubiera estado tan feliz en ese momento. Tenía que aprovechar esa nueva ocasión, de los errores se aprende, y mucho.